Sigo con mi trabajo y cuando estoy contando los minutos para tomar mis cosas, y correr a la cafetería, el sonido del ascensor me hace levantar la mirada encontrándome de frente con mi hermoso Marcello.
—¿Cómo se siente? —me cuestiona deteniéndose frente a mí.
—Estoy bien, muchas gracias por preguntar —farfullo con timidez.
—Le traje algo —saca de detrás de su espalda una malteada como la que le tiré esta mañana y sin poder evitarlo siento como mis mejillas se tornan carmesí al volver a revivi