XXXIII
—Ariadne.— Clarisse sonrió segundos después de abrir la puerta de su hogar. Después sintió una gran curiosidad de ver lo que está última tenía en la mano y que llamaba mucho su atención, —¿Qué es eso que traes?

—Es una información que tengo que darte, ¿Puedo entrar?

Clarisse abrió la puerta por completo, permitiéndole a Ariadne el acceso a la sala. Ambas se sentaron en distintos sofá y se quedaron en silencio, intercambiando miradas entre sí.

—¿La información que tienes que darme tiene que
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