Capítulo 80.
Al llegar a Zúrich, el cielo estaba encapotado, amenazando con una tormenta fría.
Dante Vontobel bajó de su jet privado y subió directamente al coche blindado que lo esperaba en la pista. No pasó por la mansión familiar. No tenía tiempo que perder.
Se fue directo a la sede central de su banco. Los pasillos estaban casi vacíos a esa hora de la madrugada. Ingresó a su imponente oficina y cerró la puerta de caoba tras de sí.
Allí lo esperaba Cristian, su asistente y el único hombre en quien confia