Capítulo 77.
—Mírate... —susurró Dante, trazando la curva de su embarazo con las yemas de los dedos—. Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
Elena sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, pero esta vez no eran de rabia. Eran de pura emoción.
Que ese hombre tan frío y calculador se rindiera de esa forma ante ella y sus hijos la desarmaba por completo.
Dante se inclinó y besó su vientre, justo donde crecían los gemelos. Fue un beso lento, lleno de promesas mudas.
Luego, su boca comenzó a su