Capítulo 27.
Capítulo 27.
Habían pasado exactamente cuarenta y ocho horas desde que Dante se marchó a Berna. Desde entonces, la mansión se había convertido en un calabozo de lujo.
Elena recorría los jardines inmensos, sintiendo que el aire puro de los Alpes se le quedaba atorado en la garganta. No había rastro de él.
No dormía a su lado, no respondía mensajes, y lo peor era que ni siquiera Cristian, se atrevía a mirarla a los ojos o darle una razón lógica.
Elena caminaba cerca de la entrada principal, abrazá