Capítulo 13.
El edificio de la corporación de Liam, que alguna vez fue el símbolo de su poder absoluto y su arrogancia, se sentía hoy como un sepulcro de concreto y cristal. Los pasillos, antes bulliciosos con empleados que temblaban ante su presencia, estaban desiertos.
El silencio solo era interrumpido por el eco rítmico de los pasos de los liquidadores que recorrían las oficinas inventariando cada silla, cada computadora y cada cuadro, como buitres sobre un animal moribundo.
Liam estaba encerrado en su d