Peter ni siquiera levantó la vista.
—No quiero quedarme aquí… si sigo en esta casa, papá me verá como un perdedor, como una víctima, como un niño al que tiene que salvar —respondió con voz dura, pasando a la siguiente página de apartamentos de una habitación—. Necesito mi propio espacio. Si voy a ser padre, necesito empezar a actuar como hombre de verdad.
Su madre entró y le acarició el cabello con ternura.
—Tú siempre has sido más hombre de lo que tu padre piensa… —susurró ella—. Solo recuerda