La medianoche había caído sobre la mansión de Thomas como un manto de terciopelo negro. Las estrellas brillaban en el cielo, y el viento movía las ramas de los árboles del jardín con un susurro que parecía cantar una canción de cuna. Adentro, todo estaba en silencio. Thomas dormía profundamente en la habitación de invitados, con las sábanas revueltas, la respiración profunda y tranquila. Por primera vez en días, había logrado conciliar el sueño.
El teléfono sonó.
Thomas se despertó de golpe, pa