La mañana estaba gris cuando Lenna bajó las escaleras de la mansión con su maleta pequeña en la mano. Max la esperaba en la entrada, apoyado contra el auto, con los brazos cruzados y una sonrisa que no lograba ocultar su orgullo.
—¿Lista? —preguntó.
—Antes quiero pasar por la casa de Thomas —dijo Lenna, dejando la maleta en el asiento trasero—. Despedirme de sus padres.
Max la miró. Abrió la boca para protestar, pero ella lo detuvo con una mirada.
—Solo ellos —dijo—. No voy a verlo a él.
Max su