La mañana llegó con un sol tímido que se escondía detrás de las nubes grises. En la casa de los padres de Lenna, todo estaba en calma. Diego jugaba con sus bloques en la sala, construyendo torres que él mismo derribaba con una risa contagiosa. Gloria preparaba el desayuno en la cocina, el aroma a café recién hecho llenaba cada rincón de la casa. Roberto leía el periódico en su sillón, con los lentes apoyados en la punta de la nariz. Juan Diego ya se había ido a la oficina, y Lenna estaba en la