El sol de la mañana entraba por los ventanales de la mansión como un río de luz dorada. Anika estaba en el gimnasio de la casa, con la ropa deportiva ajustada al cuerpo que comenzaba a recuperar su forma de antes. Llevaba semanas entrenando. Horas de ejercicios, de dieta, de sacrificio. El embarazo le había dejado kilos de más, piel flácida, estrías. Pero ella estaba decidida a recuperar lo que había perdido. Y lo estaba logrando.
Se miró al espejo. Sus piernas ya eran firmes. Su vientre, plano