La habitación del hospital olía a flores frescas y a esperanza. Sobre la mesita de noche, varios jarrones con rosas y claveles competían por el espacio con tarjetas de felicitación y globos de colores. El sol de la mañana entraba por los ventanales, pintando las paredes de un tono cálido que hacía olvidar, por un momento, el frío del quirófano y los monitores que aún pitaban al ritmo del corazón de Anika.
Thomas estaba sentado en la silla junto a la cama, con el bebé en brazos. Era pequeño, frág