La mañana después del cumpleaños de Diego amaneció radiante. El sol entraba por los ventanales de la casa como si quisiera celebrar que la fiesta había sido un éxito, y el jardín aún estaba adornado con los globos y las guirnaldas que no habían tenido tiempo de recoger. La mesa del desayuno estaba servida con café recién hecho, jugo de naranja, tostadas y mermelada. Diego estaba en su silla alta, con la cara llena de mermelada de fresa y los ojos brillando de felicidad.
Lenna lo miraba con una