Mariana lo miró, con sus ojos brillantes llenos de confusión. —¿Qué haces aquí? —preguntó en voz baja.
Walter, con el rostro impasible, parecía una estatua inmóvil. —¿Qué pasa, no estás contenta de verme?
Evidentemente, esa pregunta no necesitaba una respuesta verbal de Mariana, ya que su expresión lo decía todo: no sólo no estaba contenta, sino que mostraba un claro disgusto. ¿Estaba tan decepcionada de verlo en lugar de a Serafín?
En ese momento, Catalina, desde el interior de la casa, pregunt