Mariana se abrazó los brazos y miró a Walter. —Lo sé. Gracias, te lo agradezco. Te invitaré a cenar.
Walter, resignado, respondió: —¿Invitarme a cenar? Estamos tan distantes.
—Es lo menos que puedo hacer —Mariana bajó la mirada y agregó—. A fin de cuentas, estoy agradecida de que hayas venido hoy.
—Mariana, eso es lo que debería hacer —dijo él con un tono desapasionado.
Mariana lo miró y dijo: —Walter, no hay nada que alguien deba hacer necesariamente.
—Quiero cuidar de ti, eso es algo que debo