A pesar de su extrema ansiedad, Jimena trató de aparentar calma, levantó la barbilla y respondió: —¡Está bien, adelante! Este loto nevado me costó cien millones de dólares, ¿cómo va a ser falso? Además, lo seleccioné cuidadosamente como regalo para la abuela, ¿cómo podría atreverme a usar una falsificación?
Dicho eso, arrojó bruscamente su bolso a un lado y tomó una silla cercana para sentarse, mostrando una actitud de despreocupación, como si no temiera ninguna verificación.
—Pero, Mariana, si