—¡Hoy te debo un montón! Aunque pasó algo chiquito, de verdad espero que no te afectara.
Mariana estaba en la puerta de su casa, con una sonrisa de disculpa y gratitud en el rostro.
Apoyado en el coche, Serafín levantó una ceja y le dedicó una sonrisa despreocupada. —Tranquila, lo importante es estar contentos. Esas cosas no tienen importancia.
Mariana sonrió ante sus palabras, formando una curva en sus ojos como la de la luna creciente. —De veras, te agradezco un montón.
Serafín agitó la mano y