¿Qué diablos estaba pasando aquí? ¿Acaso Walter se emborrachó y vino allí sólo para desquitarse?
Mariana bajó la cabeza, tratando de ocultar la melancolía en sus ojos. —Esto es asunto mío. ¿No tengo derecho a no responderte?
Terminó y se preparó para apartarlo, pero él la atrapó entre la pared y sus brazos como un bloque de piedra.
—Walter, si sigues así, ¡de verdad voy a llamar a la policía! —advirtió ella en voz baja y con ceño fruncido.
—¡Adelante!
Walter le sostuve la mirada rechinando los