Sin embargo, cuando se encontraban de nuevo, Mariana simplemente lo saludaba con una brillante sonrisa y un «¡Walter!», como si nada hubiera pasado.
La mera idea hacía que el corazón de Walter se retorciera como si estuviera siendo devorado por hormigas, lo que lo dejaba inquieto.
—Oye, ¿crees que si la señorita Chávez y Serafín se comprometen, me invitarán a su boda? —Jacob se tocó la barbilla, mostrando una expresión desafiante mientras bromeaba— Recuerdo que cuando ustedes dos se casaron, ¡n