Mariana estaba disfrutando de la cena cuando, de repente, recibió una llamada de Nerea.
—Mari, mañana por la noche planeo ir a una fiesta de té con una vieja amiga, ¿te gustaría acompañarme? —preguntó Nerea con una voz tan suave como una brisa primaveral, difícil de resistir.
Tobías, al verla apartada hablando en voz baja, no pudo evitar preguntar curioso: —Oye, ¿con quién hablas?
Al oírlo, Mariana miró hacia atrás mientras rechazaba rápidamente: —Lo siento, abuela, pero mañana ya tengo planes,