El lugar se llenó de murmullos de asombro.
Nerea esbozó una sonrisa elegante y asintió ligeramente en señal de saludo a todos.
Inmediatamente, un botones se acercó para guiarla al salón de eventos.
Nadie notó que, no muy lejos, un coche negro estaba estacionado. La ventanilla se bajó lentamente y el conductor susurró: —Señorita, ella ya entró.
La aparición de Nerea fue como la estrella polar en el cielo nocturno, iluminando instantáneamente todo el evento.
Al fin y al cabo, la familia Guzmán ten