Al escuchar eso, Walter se limitó a asentir ligeramente, concentrado en abrocharse la corbata, mostrando una actitud indiferente.
Había que admitirlo, la atracción que emanaba ese hombre era indescriptible.
Incluso en su estado medio dormido y perezoso, su atractivo era tal que resultaba imposible apartar la mirada.
Tomó la chaqueta que estaba a un lado y, con sus largos dedos, fue abrochando los botones uno a uno con una gracia innata.
Ay...
Jimena realmente era muy afortunada.
Una vez listo, W