—Jefa, ten compasión, ¡déjame salir! ¡Te juro que estoy bien!
Walter se había ido hace poco cuando Milena llegó a verla. Mariana, como una niña obstinada, le agarraba el brazo, rogándole sin parar.
Milena, revisando sus informes médicos, respondió: —No es que no quiera darte el alta, es decisión del director, no tengo opción.
—Ah... —Mariana, como un globo desinflado, se dejó caer en la cama, murmurando con tristeza— Amo tanto mi trabajo, no puedo esperar para volver. Jefa, ¿puedes entender cómo