Walter sacó rápidamente su celular y encendió la linterna, encontrando a Mariana, que se acurrucaba como un gatito y trataba de meterse en sus brazos.
—¿Mariana?
La llamó suavemente, esperando confirmar su estado, pero ella no reaccionó como si fuera una marioneta.
El sofá, que ya era pequeño para Walter solo, se volvió aún más estrecho con la presencia de Mariana, dejando su espalda apretada contra el respaldo. Pero ella no parecía darse cuenta y se dio la vuelta. Al verla, Walter instintivamen