Pero Walter permaneció en silencio como una estatua, con la mirada fija en ella.
Esa observación muda hacía que Mariana se sintiera un poco incómoda, así que bajó la cabeza y se concentró en seguir comiendo. Al cabo de un rato, levantó de nuevo la vista y descubrió que sus ojos profundos permanecían sobre ella.
—¿Te vas a llenar sólo con mirarme? ¡Come, deja de mirarme así! —dijo frustrada, mientras tomaba una quesadilla y la metía en la mano de Walter.
Walter miró la comida en su mano y frunció