Mariana reaccionó como el viento, lanzándose al instante y, junto al hombre, lograron agarrar a Aurora.
Aurora, como una hoja arrastrada por el viento, colgaba precariamente del borde de la azotea.
—¡Suéltenme! —gritaba entre lágrimas.
Mariana sostenía firmemente su brazo izquierdo, mientras que el hombre sujetaba su brazo derecho. Aurora se retorcía, intentando liberarse de su agarre, haciendo que las muñecas de Mariana casi echaran chispas por su lucha.
Pero ella parecía no sentir el dolor, co