Mariana levantó la cabeza y su mirada se posó en el dorso de la mano de Walter, donde había una herida sangrante.
Rodó los ojos y replicó, exhausta: —¿Y tú no eres así?
—Pero uno debe hacer el bien sin esperar nada a cambio —dijo Walter, avanzando con pasos largos hasta el lugar donde Aurora había estado parada.
Mariana se sobresaltó y su corazón dio un vuelco.
Pero él no siguió adelante, sino que se giró y le preguntó: —¿Recuerdas que tú también dijiste que querías saltar de un edificio?
¿Qué?