Dicho eso, Mariana salió volando de la sala de descanso.
Apenas se cerró la puerta, sus manos se convirtieron en puños. Se apoyaba en la puerta con la espalda mientras su corazón latía descontroladamente, como si estuviera atrapado por un gancho, causándole tanto dolor que apenas podía respirar.
Creyó que ya podía enfrentar a Walter con calma.
Pensó que realmente ya no lo amaba...
¡Pero en realidad, todo eso no era más que autoengaño!
Cuando Walter volvió a pedirle el divorcio, su corazón todaví