Mariana abrió la puerta de la sala de descanso y vio al hombre sentado en el sofá.
Él llevaba un traje negro y estaba absorto en una revista. Sus largas piernas estaban cruzadas con desenfado, mostrando elegancia y distinción. Cada uno de sus movimientos irradiaba una presencia impresionante y noble.
Mariana tocó la puerta una vez y entró sin esperar respuesta.
Al escucharlo, Walter levantó la cabeza y se encontró con su mirada tranquila.
—¿Necesitas algo?
Su tono era neutral y distante, como si