El entorno quedó en silencio. Era Yahir y su grupo quienes habían resuelto la situación.
Alguien, asustado y temblando, se arrastró hasta donde estaba Leo, llorando: —¡Señorito Castillo, no... no podemos ganar!
Leo lo pateó con desprecio, aunque no tenía fuerzas, era un inútil.
La niebla comenzó a disiparse. El botón rojo en el cuerpo de Jimena dejó de parpadear frenéticamente.
Mariana pensó que el botón en Jimena debía tener relación con ella. Cada movimiento que hiciera, el explosivo en Jimena