Él era un verdadero hombre. Después de la muerte de su esposa, no hubo un solo día en que no pensara en vengarse.
A medida que Felipe fue creciendo, se dio cuenta de que debía calmarse y crear un buen entorno para que su hijo creciera sano. Por eso, decidió mudarse a Yacuanagua con él.
La última vez que Walter y Mariana vieron al señor Ponce, casi moribundo, fue porque los hombres de Leo lo habían apuñalado a traición. No podía creer que ahora lo encontrara aquí, secuestrado por Leo.
Ese Leo era