Solo su nombre, y Yesenia no escuchaba nada más.
—Papá, no puedo oír lo que estás diciendo —Yesenia tenía una fuerte jaqueca.
—¡Estoy diciendo! ¡Mari!
—Sí, dices mi hermana, ¿y qué más? ¿Qué ha pasado con mi hermana? —Yesenia estaba confundida.
Miró su teléfono para ver la hora, y ya eran las tres de la madrugada.
Estaba harta. No había hecho nada, solo había cuidado de su padre.
—Papá, ¿por qué no nos vamos a dormir? —Yesenia no quería escuchar más.
De todos modos, ella trataría bien a Mariana;