Mariana alzó una ceja, haciendo su entrada bajo la mirada de todos.
Todos quedaron asombrados al ver a Mariana; era demasiado hermosa.
—¿Yo... llego tarde? —preguntó Mariana con una voz perezosa.
Todos sacudieron la cabeza.
—¡Marí, estoy tan feliz de que hayas venido! —Pera se acercó de inmediato, sonriendo.
—Estoy contenta de volver a ver a todos. Oí que muchos de ustedes han ascendido en su carrera. ¡Qué envidia! —Mariana sonrió, quitándose la chaqueta de piel.
Apenas iba a colgarla cuando alg