Mariana bajó la mirada. —Entonces, ¿comerás algo?
A Vicente le gustó escuchar esas palabras. —Claro, entonces iré a recogerte esta noche.
—No, no es necesario. Yo manejo. Dime dónde estás y yo iré —Mariana se recogió el cabello hacia atrás y volvió a mirar a Walter.
Esta vez, sus miradas se encontraron, como si fuera un encuentro inevitable.
Mariana sonrió, como si eso fuera un saludo para Walter.
¿Acaso no era una provocación? Hablar con otro hombre y sonreírle.
Walter mantuvo su rostro impasib