Cuando Mariana regresó al instituto, Clara la esperaba en la puerta.
Mariana le echó un vistazo, pero su expresión era indiferente.
Clara la detuvo. —¿No tienes nada que decirme?
Mariana sonrió. —¿Qué debería decirte? ¿Acaso tengo que informarte sobre mi agenda? ¿A quién he visto?
Clara la miró fijamente, sintiéndose muy molesta. ¿No tenía nada que contarle sobre Mariposa?
Clara se sintió incómoda. Ella no solo conocía a Mariposa, sino que también la había visto en persona. Pero actuaba como si