—Señora Aitana, ¡felicitaciones! —dijo Mariana con un tono muy cortés.
Aitana sonrió, igualmente educada, —Gracias, señorita Chávez, por tomarte la molestia de venir.
—Lamento que, como Yolanda no tenía tiempo, fui yo quien vino. La señorita Aitana no me envió una invitación, así que me atreví a venir, espero que no te moleste.
Mariana sonrió, reclamando de una manera sutil que Aitana no le había enviado la invitación, al mismo tiempo explicando su presencia.
Aitana se sintió un poco incómoda.
E