Mariana odiaba a esos compradores insistentes que no aceptaban un "no" por respuesta. Ya había dejado claro que no iba a vender.
Sin pensarlo más, colgó el teléfono.
Ahora Yahir debería entender lo que quería decir.
Pronto llegó al instituto de investigación, y al llegar a la entrada, el guardia la detuvo. —Señorita Chávez.
—¿Qué sucede? —Mariana se acercó.
El guardia salió de detrás de la puerta con un hermoso ramo de flores. —Señorita Chávez, un caballero le ha enviado estas flores. Por favor,