En el coche reinaba un silencio absoluto.
Simón sintió que la atmósfera era demasiado incómoda, pero no sabía qué decir para romper el hielo.
Para Walter, haber logrado forzar a Mariana a subir al coche ya era un éxito.
Sin embargo, no había pensado en qué decir una vez que estuvieran dentro.
Mariana miró la hora, sintiéndose cada vez más irritada. Soltó un suspiro profundo.
Walter la miró.
Su rostro mostraba impaciencia, descontento y tristeza.
Los ojos de Walter se apagaron.
—¿Es tan penoso vo