Fuera del recinto, Mariana miraba a los dos hombres que la seguían, sintiéndose cada vez más molesta.
¿Qué querían esos dos? No tenía tiempo para sus tonterías.
—Vicente, si estás tan ocupado dentro, ¿por qué no te quedas a acompañar a los invitados? ¿Qué haces aquí? —dijo Mariana, con el ceño fruncido.
Era consciente de los sentimientos de Vicente hacia ella, pero como anfitrión, era descortés dejar a tantos invitados y colegas solos.
—No hay problema, todos somos amigos, nos conocemos bien, no