Walter bajó la cabeza. —Si insultarme te hace sentir mejor, adelante, insúltame.
No se enojaba porque Mariana lo maldijera un par de veces.
Por el contrario, pensaba en lo triste que debió haber estado ella cuando él la trataba así.
—Insultarte me parece un esfuerzo, pero golpearte sería más satisfactorio —Mariana sonrió fríamente.
Él levantó la vista y se encontró con los ojos de Mariana. —Está bien.
Que lo golpee.
Mariana se detuvo.
Walter era un hombre muy orgulloso y digno.
En su recuerdo, W