En la noche.
El hospital estaba en completa calma.
Mariana revisó un rato su teléfono, pero no podía quedarse quieta, así que se puso algunas inyecciones para reponer fuerzas.
A las diez de la noche, Mariana deambulaba sola por el pasillo. Escuchó a una enfermera en el puesto de enfermería decir: —¿Quién creéis que es más apuesto, el señor Guzmán o el joven Sandoval?
—¡Por supuesto que el señor Guzmán! ¡El señor Guzmán tiene la mejor apariencia!
—Pero parece que el señor Guzmán no maneja muy bie