Mariana abrió la puerta.
Era Walter parado afuera.
Vestía una camisa blanca, su corbata algo desarreglada. Al ver a Mariana, frunció el ceño, como si tuviera muchas cosas que decir.
Mariana agachó la cabeza y luego se hizo a un lado, indicándole que pasara.
Aquí había mucha gente, no podían hablar en la puerta.
Pero Walter no mostró intención de entrar.
—Mariana, ¿cuánto más sufrimiento tienes acumulado? Estoy aquí ahora, te permito desahogarte todo —dijo Walter, con evidente cansancio en su mir