En eso el ascensor llega y él se adelanta para ayudarme a entrar, como todo un caballero. En cuanto la puerta se cierra se acerca más y yo me hago para atrás, me pierdo en su mirada un segundo y lo veo levantar la mano para acomodar un mechón de mis cabellos.
—Ya está bien— sonríe —Entonces no podremos estar juntos esta velada.
—No lo sé. Me temo que no tendré tiempo para charlar con un solo invitado. Por eso no quise aceptar tu invitación, se vería extraño y… Ahora me siento estúpida…
—No te p