Jenny
Sigo caminando unas cuadras hasta la parada de autobuses, me siento en una de las bancas y respiro profundamente para reprimir el coraje.
“¿Por qué tuvo que aparecer de nuevo? ¡Maldito estúpido! ¿Quién le dio el derecho de defenderme? ¡Yo no lo pedí! ¡No! No necesitaba que me defendiera. Ese hombre solo trae desgracia a mi vida, lo odio, lo odio con toda mi alma. ¡No lo soporto! Y encima me besa, el muy cretino.”
Maldito idiota, no sé qué es lo que más detesto de él, si su manera de ataca