—No —respondió ella con sencillez—. Tu nombre está tatuado bajo mi piel y esa tinta parece ser permanente.
Noah sintió como si estuviera cayendo en picada desde un edificio alto. Su mente no podía procesar la gravedad de las palabras que ella acababa de decir. La miró fijamente a los ojos, que brillaban con sinceridad.
No podía apartar la mirada de ella.
—Creo que deberíamos irnos a dormir.
—No, no tengo sueño.
Noah se sentó en la cama y, sin perder tiempo, tomó los labios de Sophia en un beso