Los ojos de Noah se abrieron con dificultad, asimilando su entorno con pesadez. Intentó sentarse, pero una ola de mareo lo invadió, obligándolo a recostarse de nuevo en la cama. El rostro de Emily se enfocó ante él.
—Emily, ¿por qué me tienen aquí? ¿Qué está pasando? ¿Qué significa todo esto? —Su voz apenas era un susurro. Luchaba por respirar.
—Solo necesitas descansar, Noah. Estarás bien pronto.
—¿Quién te paga para hacer esto? Dímelo, Emily. Tengo derecho a saberlo.
Ella dudó: —Yo... no pued