"Addison y Aiden Whyte, pórtense bien, ¿de acuerdo? Mamá se va a trabajar, así que su abuela los llevará a la escuela". Sophia reunió valor para decirles a sus hijos qué hacer, cuando en realidad ellos elegían lo que querían. No podía creerlo, ya tenían cuatro años. Parecía que el tiempo había pasado volando; daría cualquier cosa por poder tenerlos en sus brazos y cantarles canciones de cuna otra vez. Su hijo, Aiden, era la viva imagen de su padre; era muy guapo. Cada vez que dejaba a los niños en la escuela, recibía algún cumplido. "Su hijo es tan guapo, estoy segura de que es igualito a su padre". Esas palabras le escocían cada vez, pero ella hacía lo posible por fingir una sonrisa, aunque obviamente sus genios gemelos podían ver a través de la fachada. "Mami, ¿por qué te ves tan triste? ¿Es por papá?". No importa cuánto intentara cambiar el tema, no funcionaba, a menos que les ofreciera helado. Pero distraer a sus gemelos con dulces solo funcionaba hasta cierto punto. "¡Mami, m
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