Las rodillas de Noah estaban bloqueadas, no podía moverse.
—¿Por qué? —sus labios temblaban incontrolablemente.
—Noah, ¿podemos hablar de esto más tarde? Tenemos invitados que atender. Y, por favor, levántate del suelo, alguien podría malinterpretar la situación.
—¿Qué hay que malinterpretar, Sophia? Te estoy pidiendo, no, te estoy rogando, que te cases conmigo.
La respiración de Noah era entrecortada, sentía como si el mundo entero cayera sobre sus hombros. De repente, toda la finca se sintió