—Así que vas al trabajo, luego a ver a un amigo y después volverás aquí, ¿cierto?
—Suena bien. Volveré antes de las 5 p.m. para ayudarte a supervisar, mamá.
—Está bien, tomaré tu palabra.
Noah omitió un detalle muy importante. No iba a trabajar, tenía otros planes. Como a los niños les encantaba intentar conducir tanto, había decidido comprarles autos. Y no cualquiera, sino unos hechos a medida por la propia compañía automotriz. Eran hijos de un conglomerado, merecían lo mejor. Noah se lo ocult