CAPÍTULO 2
“Ahora", gruñe, tirándome por encima de su hombro como si no pesara nada. No le importa que le esté gritando que pare. La lata de maza vacía se me escapa de la mano y golpea al suelo. Estoy colgando boca abajo, mi estómago presionado sobre un hombro duro como una roca, al menos seis pies y medio en el aire. Me giro, tratando de agarrar cualquier cosa para golpearlo, pero no encuentro nada.
"No sé qué crees que estás haciendo, ¡pero puedes bajarme ahora mismo! ¡Alguien va a llamar a l